Dámaso Alonso** (Madrid, 1898-1990)

‘He dicho varias veces que Hijos de la ira es un libro de protesta cuando en España nadie protestaba (…)’ (del libro ‘generación del 27. poemas’. Autor: José Antonio García)

Pudo haber sido ingeniero de caminos, pero, curiosamente, una gripe y sus consecuencias, le apartaron de aquella vía. En adelante, junto a su reconocida condición de catedrático de universidad, investigador y crítico literario, será también poeta, su más clara y profunda vocación. Dice a propósito de ello en su libro Oscura noticia (1940-1943):

Luego dormí en lo oscuro durante muchas horas, 
y sólo unos instantes me desperté
para cantar el viento, para cantar el verso,
los dos seres mas puros
del mundo de la materia y del espíritu.

La obra poética de Dámaso Alonso tuvo su inicio en el libro titulado Poemas puros. Poemillas de la ciudad (1921), de corte juvenil, en el cual la crítica ha querido ver las influencias propias de la época: Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y los movimientos de vanguardia. Aparte de esto, anticipa, sin embargo, la línea de compromiso con la realidad humana que van a convertirle en poeta particularísimo de honda preocupación religiosa. “Sueño de dos ciervas”, poema de Oscura noticia, advierte sobre esta tendencia de Dámaso interesada por los problemas del hombre y por la búsqueda de Dios, el cual es invocado e incluso, a veces, negado, en esa necesidad de descubrirle, de encontrarle, en el convencimiento de que sólo el amor a Él y a la vida dan sentido a nuestra condición de débiles criaturas, de seres limitados y empujados hacia la muerte. Las dos ciervas del poema, que vienen a representar, así, la luz y la sombra, huyen velocísimas hacia aquella fuente que es centro de todo, que es la eternidad. 

En la obra de Dámaso Alonso hay que tener en cuenta igualmente los largos silencios de un libro a otro

En la obra de Dámaso Alonso hay que tener en cuenta igualmente los largos silencios de un libro a otro. De estos últimos, el que supone una mayor aportación a la poesía española contemporánea, y de todos los tiempos es, sin duda, Hijos de la ira (1944), referente imprescindible para el estudio de la llamada “poesía desarraigada”, caracterizada por el grito que surge de una angustia existencial provocada por un mundo caótico y artificial. Si en la forma, desde la estética establecida en el primer tercio de siglo, el lenguaje poético estaba solicitando un cambio, en el fondo, y ante la artificiosidad ya denunciada, también. Y esta doble renovación nos la vino a traer, justamente, Hijos de la ira. Nos refiere a propósito de ello el autor:

“He dicho varias veces que Hijos de la ira es un libro de protesta cuando en España nadie protestaba (…). Protesta ¿contra qué?. Contra todo. Es inútil quererlo considerar como una protesta especial contra determinados hechos contemporáneos”.

Poesía, por lo tanto, de queja contra las miserias y podredumbre que nos rodean. Pero al mismo tiempo, poesía de alto valor espiritual. “Después de la de Unamuno, es ésta la poesía española contemporánea que contiene más interrogantes metafísicos o existenciales, precisamente por su exclusiva dimensión religiosa” (Luis Felipe Vivanco, 1974:99).

En Hijos de la ira conviene que pongamos nuestra atención

1190905295634_gdiegoguillendalonso200En Hijos de la ira conviene que pongamos nuestra atención, por otra parte, en su lenguaje. Son poemas casi siempre construidos a partir de un hecho que sirve de soporte y que el poeta “ni siquiera lo comenta e interpreta, sino que lo abandona completamente, dejando apenas una ligera huella en los versos iniciales” (Flys en D.A. 1986:31). Un ejemplo claro puede ser el poema titulado “Insomnio”, incluido en esta antología:

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres
(según las últimas estadísticas).

En cuanto al léxico de Hijos de la ira, lo más llamativo es el atrevimiento de Dámaso Alonso al asociar palabras hasta entonces consideradas del lenguaje vulgar con otras del lenguaje culto. Para Dámaso Alonso, cualquier realidad es capaz de verterse en poesía. O como afirma el mismo autor “no hay un léxico especial poético: todas las voces pueden ser poéticas o no serlo, según se manejen y con qué oportunidad” (D.A. 1978:78).

Formalmente Hijos de la ira, está escrito en versículos, forma del verso libre. Esta técnica de composición es observable en otros poetas de la Generación del 27: Aleixandre, Cernuda, etc. Pero lo que, de algún modo, distingue la utilización que Dámaso Alonso del mismo tipo de verso es, acaso, la alternancia de unos muy largos con otros cortísimos. Esto no deja de ser más que un recurso del poeta con el que pretende lograr mayor intensidad rítmica a cuanto quiere decir.

Y aquí conviene, acaso, distinguir: en la poesía tradicional -reiteramos- el ritmo es posible gracias a la medida de los versos y a la disposición de los acentos, sobre todo. De esta suerte obtenemos una lectura armónica, colmada de belleza. Pero en el verso libre tales recursos han sido anulados. ¿Entonces, cómo dotar de ritmo al poema? Es evidente que hay que poner en práctica otras fórmulas sustitutivas, capaces de conseguir los mismos efectos, ya sea mediante la repetición en el verso de uno o varios sonidos que guardan entre sí suficiente proximidad (aliteración), o reiteración de una palabra o grupo de palabras al comienzo de dos o más versos (anáfora), etc. Lo vemos, mejor, tal vez, en los versos iniciales de “La madre”, en Hijos de la ira:

No me digas
que estás llena de arrugas, que estás llena de sueño,
que se te han caído los dientes.
que ya no puedes con tus pobres remos hinchados,
deformados por el veneno del reuma.

Placa con versos de Dámaso Alonso en Loja, Granada.

Placa con versos de Dámaso Alonso en Loja, Granada.


En Hijos de la ira, cabe comprobar, finalmente, la tendencia de muchos poetas contemporáneos (caso de Dámaso Alonso, aquí), a reproducir dentro de sus versículos ritmos propios de la poesía sujeta a métrica, aunque aparentemente esto no se perciba:

generación del 27. poemas.
La nueva manera de mirar la realidad en la poesía del 27.
generación del 27. poemas
Autor: José Antonio García
Publicación: León, Editorial Everest, S. A., 2007.
Páginas: 349
I.S.B.N.: 84-241-1842-6Antología de poemas y estudio de los diez componentes más representativos del grupo poético del 27. Su objetivo es aproximar a los lectores la obra de los poetas que conforman dicho grupo a través de textos de fácil comprensión. Incluye también una introducción en la que se contextualiza desde el punto de vista histórico y artístico literario a esta generación y se traza la evolución de la misma. Los textos intercalan ilustraciones de Enrique Sánchez Moreiro.

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Acerca de Andrés Cifuentes Lozano

Un erudito es aquel que muestra menos de lo que sabe; un periodista y un consultor, lo contrario; la mayoría cae en algún punto entre ambos. "Ahí estoy yo"
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