Arte Minoico o arte Cretense**

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Hacia el año 2000 el centro cultural del Egeo se traslada al sur, a la isla de Creta, coincidiendo con el esplendor de una civilización sorprendente y de gran actividad durante este periodo; en parte debido al desarrollo marítimo y comercial de la isla, en parte a una tradición cultural acumulada por efecto de las migraciones procedentes de Asia Menor.

El arte cretense concreta una producción rica y variada, en la que destaca su arquitectura y su pintura, muy originales, como la propia civilización y con una influencia decisiva sobre lo griego.

Los principales edificios cretenses son los palacios o residencias señoriales, de gran complejidad y magnificencia. En realidad se trataba de palacios-santuario, regidos por un rey sacerdote, que eran al mismo tiempo residencia real, lugar de celebración ritual y centro económico de las ciudades-estado minoicas; encargados de la producción y control de los bienes, según patrones heredados de Próximo Oriente.

El desarrollo de la civilización cretense transcurre paralelo a la aparición de los primeros núcleos urbanos de cierta entidad: Cnossos, Faistos, Malia… La estructura básica de los palacios se establece en este momento (Primeros Palacios, 2000-1700 a.C.) como resultado de un sistema productivo agrario: el palacio organiza, concentra y distribuye los productos del campo cretense (vino, aceite, cereales, etc.) que se guardan en sus almacenes.

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El soberano controla la distribución de estos bienes y favorece el desarrollo de una artesanía especializada en torno al palacio. Lejos de constituir una aglomeración caótica, el palacio cretense es muy organizado especialmente a partir del periodo de los Segundos Palacios (1700- 1500 a.C.). El de Cnossos, por ejemplo, se configura en torno a un patio central, núcleo de llegada y redistribución de productos, al que se accede a través de distintos corredores procesionales. En torno al mismo se distribuyen los almacenes en la planta baja y la zona de vivienda, gobierno y rituales, en la planta alta.

El palacio es expresión del microcosmos cretense: vital, aperturista y relacionado con la naturaleza. Y sus decoraciones pictóricas contribuyen a fortalecer esta idea. Se trata de una pintura mural al fresco, de carácter lineal, tonos planos y un gusto especial por los arabescos y las ondulaciones, por lo que fue comparada por sus descubridores con el art nouveau de principios del s. XX. Sus antecedentes hay que buscarlos en Egipto y Próximo Oriente, sin embargo, las corrientes importadas se asimilaron de forma tan peculiar que el resultado final fue un lenguaje pictórico inconfundible por su gran originalidad.

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La inspiración de la pintura cretense tiene sus raíces en la naturaleza y el mar, y aun en el caso de escenas rituales o religiosas evocan una profunda alegría de vivir. En la pintura cretense las formas, los colores y los movimientos se supeditan a la fantasía creadora. Hombres y animales se representan con gran expresividad, mientras los motivos paisajistas y florales se tratan con una sutil libertad cromática y gran soltura de líneas. Todas estas características sorprenden en mayor grado si se comparan con las de las civilizaciones contemporáneas: rígidas y estereotipadas. La variedad y fantasía de los frescos ponen de manifiesto la sensibilidad de sus creadores, ya sea en composiciones zoomorfas (friso de los delfines), rituales (salto del toro) o funerarias (procesión del sarcófago de Hagia Tríada ).

La escultura cretense, exvoto siempre de pequeño tamaño y sin la menor pretensión de monumentalidad se caracteriza, al igual que la pintura, por su originalidad y sentido expresionista. A una fase ya tardía corresponden las denominadas diosas de las serpientes, figuras femeninas de loza –en menor medida criselefantinas que portan estos reptiles y son identificadas con sacerdotisas o divinidades asociadas a genios tutelares.

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De gran importancia es también la cerámica cretense, decorada con la libertad y profusión que caracteriza todo el arte minoico. Los vasos del estilo Camarés, propio de los primeros palacios, se decoran en color blanco, rojo, violeta o amarillo, sobre fondo negro, componiendo motivos geométricos, espirales, etc. Al periodo de los segundos palacios corresponde la cerámica palacial o marina, decorada con ejemplares de la fauna marina: peces o pulpos en negro, sobre fondo claro.

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Acerca de Andrés Cifuentes Lozano

Un erudito es aquel que muestra menos de lo que sabe; un periodista y un consultor, lo contrario; la mayoría cae en algún punto entre ambos. "Ahí estoy yo"
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