María Vetsera*

María, baronesa de Vetsera (Marie Alexandrine Freiin von Vetsera), (Viena, 19 de marzo de 1871 – Mayerling, 30 de enero de 1889) fue una aristócrata austrohúngara, conocida sobre todo por ser la amante del archiduque Rodolfo de Habsburgo, heredero del Imperio austrohúngaro, junto con quien apareció muerta, en extrañas circunstancias.

Hija del barón Albin von Vetsera, un diplomático húngaro de la corte austríaca, y de su esposa, Hélène Baltazzi, miembro de una de las familias de la banca griega más importantes en el Imperio otomano, nació en la ciudad de Viena, en 1871. Tuvo otros tres hermanos: Johanna, Ladislaus, y Franz Albin.

En 1888, conoció al archiduque Rodolfo de Habsburgo, a través de la prima de éste, María Luisa Mendel von Wallersee. Poco tiempo después comenzaron una relación idílica, al menos por parte de la baronesa. Rodolfo, según la versión oficial, buscaba no una amante, sino una compañera con quien darse muerte.

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La noche del 30 de enero de 1889, María y Rodolfo fueron encontrados muertos en misteriosas circunstancias en el refugio de caza del Emperador Francisco José I en Mayerling. La versión oficial de los hechos son superficiales y fueron encubiertos por el gobierno imperial y empañados con el transcurso de los años. Por un lado, se dice que el príncipe la asesinó y después se suicidó con una escopeta; por otro lado, se dice que ambos conjuntamente decidieron quitarse la vida y que se mataron el uno al otro.

También se discute si ella estaba o no embarazada del príncipe al momento de su muerte. Mientras que los restos mortales de Rodolfo recibieron un funeral imperial en la Corte de Viena, el cuerpo de la baronesa de Vetsera fue enterrado con prisas en el Monasterio cisterciense de Heiligenkreuz para evitar alimentar el escándalo.

Gerd Holler, en su libro “Mayerling: Die Lösung des Rätsels“, apunta que en la primavera tardía de 1945, la artillería soviética bombardeó el monasterio en que reposaban los restos mortales de María Vetsera. Un proyectil de largo alcance desplazó la placa de granito que cubría su tumba. Holler, que por aquel entonces era un joven físico de Heiligenkreuz, fue llamado para examinar los restos de la baronesa y fue testigo de su re-entierro.

El doctor Holler escudriñó cuidadosamente el cráneo y otros huesos en busca de huecos y destrozos causados por proyectiles, pero no había daño alguno en el esqueleto. Despertada su curiosidad, el doctor Holler esperó a que se abriese el Archivo Secreto Vaticano. La familia Habsburgo-Lorena, de religión católica, tuvo que pedir dispensa al Papa con el fin de proveer un funeral católico para su hijo, quien se habría suicidado.

Fotografía del pabellón de caza imperial en Mayerling, 1889

Fotografía del pabellón de caza imperial en Mayerling, 1889

Ante la demanda, el Papa envió a su nuncio a Mayerling. Cuando éste regresó al Vaticano, escribió un detallado reporte acerca del incidente que había tenido lugar en el refugio de caza. Basándose en la detallada búsqueda de premisas, el nuncio reportó que solamente se había ejecutado un disparo. Todo esto, sumado al hecho de que el cuerpo de Rodolfo presentaba diversas contusiones y cortes, algo bastante insólito en un suicidio, sustenta la hipótesis de que la pareja fue atacada y que la baronesa murió a causa de una paliza, y no de un disparo mortal.

De aquí nace una nueva hipótesis, en este caso de complot: por un lado urdido por los servicios secretos austriacos dada la ideología liberal de Rodolfo, y por otro, por los servicios secretos franceses, dada la negativa de Rodolfo a dar un golpe mortal a la política de su padre. Helmut Flatzelsteiner exhumó de nuevo el cuerpo de María Vetsera sin permisos, y fue reenterrada en su tumba original en el mes de octubre de 1993. A pesar de todo, los hechos exactos del llamado Crimen de Mayerling continúan siendo un misterio al día de hoy.

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Acerca de Andrés Cifuentes Lozano

Un erudito es aquel que muestra menos de lo que sabe; un periodista y un consultor, lo contrario; la mayoría cae en algún punto entre ambos. "Ahí estoy yo"
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